
Surfear un domingo es sinónimo de masificación y sobre todo si se quiere surfear en pleamar.
Ayer no fue ninguna excepción y en marea alta se concentraban casi cuarenta personas en el pico del Peñón. Buenos y malos, tablones, corchos y tablas, todos juntos y revueltos. Desde fuera daba muchísima pereza meterse en el pico al ver las saltadas, la gente que no se aparta, los gritos así que decidimos esperar.
Un par de horas más tarde la gente se había ido y solo quedan una docena de personas que no se molestaban demasiado entre si. Buenas derechas, buenas izquierdas en un mar totalmente glassy con olas de medio metro que tardaban en llegar. Buen baño.
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